Hoy en día, la suplantación de identidad es una modalidad delictiva en constante crecimiento. Esta práctica se ha extendido al punto de implicar la falsificación de cédulas y firmas para obtener créditos y préstamos fraudulentos, con el objetivo de estafar a empresas y negocios mediante perfiles falsos. Esta tendencia representa un riesgo significativo para la seguridad financiera y la integridad de las organizaciones, exigiendo medidas cada vez más rigurosas para prevenir y detectar este tipo de fraudes.